viernes, 21 de marzo de 2008

¿A que su carta no es el AS de corazones?


¡Tachán!

Y no era lo que parecía ser... es lo que tiene la magia. Juegos de manos, ilusionistas del tres al cuarto.

Intentas fijar la mirada en aquellos trucos de sempiternos vendedores de efímeros sueños, y no eres capaz de apartar la atención de esas cartas que mueven con destreza, y esos conejos que salen de viejas chisteras, y esos pañuelos de colores que parecen no tener fin, pero es tan complicado descubrir donde está la trampa... y sin embargo, y aunque te apetecería que todo aquello tuviese visos de certeza, sabes que no contiene ni la más mínima dosis de realidad.

Pero jamás creí en la mentira, y un arte, como es el del prestidigitador basado en el engaño, me deja frío incluso en el momento en que el espectáculo llega a su momento más álgido.

Por eso, y a pesar de los años, no me arrepiento de haber abandonado en ese preciso instante aquel maravilloso y único espectáculo.

No más magia, sobretodo que contenga vísceras escondidas debajo de la manga.

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