En algún lugar del inconsciente quedaron algunas palabras aletargadas; con esa vaguedad que adquieren con el paso del tiempo, con ese ritmo lento, cansino, mortal que confiere el dulce veneno que entrega el recuerdo.
Y de repente encuentran un punto de fuga.
¡Maldito punto de fuga!
No se me dio nunca bien, y no será esta una excepción. Sólo dos palabras, tres mentiras piadosas, un cúmulo de necesidad, miles de promesas incumplidas y un millón de razones... he ahí el resultado de la ecuación.
¿La fórmula exacta? ¿Tú la conoces? Yo no. Y no te niego que he intentado una y otra vez; ni que fuera abrazado al desasosiego, a la soledad, al olvido, a una copa de vino, a la luz de una vela, bajo las sábanas, caminando por lugares comunes, tan alejados de la realidad, tan cercanos a mí, siempre lejos de ti; encontrar una aproximación.
Como una explosión. Una maldita explosión.
No te quiero en mi recuerdo. Y a la vez no quiero, ni puedo, ni debo olvidarte. Dejaría de ser yo. Ese yo que tanto detesto. Ese yo tan poco amigo del cambio. Pero soy yo.
Yo: esa esencia que se guarda aquí, en este recipiente de extraña compresión, rápida descomposición y fácil tratamiento en su residuo.
¿Cuál es el objeto de este dislate? Eso mismo me pregunto yo, tomando otra dosis de este veneno que acude con tanta asiduidad desde hace ya tantos años. No sé a quien pretendo engañar, ese objeto eres Tú, que a día de hoy ya no recordarás mi nombre, ni quien era Yo.
Pero también puedo ser yo quien formule las preguntas. Sí, preguntas sin respuesta, esas a las que tanto apelo y tanto te disgustaban. Me da igual, me sigue dando igual. Será que otra vez me miento.
Cinco años de aquel adiós, y una primera respuesta. Si me dices adiós es para siempre. És lo que tiene un adiós, lleva implícita una conclusión, un punto de no retorno. Y de ahí la segunda; no ha lugar a oportunidad alguna (ya sabes, "las segundas oportunidades son la ocasión que nos brinda la vida para poder equivocarnos dos veces"). Si quieres, seguimos. ¿La tercera? Sí, era lo mejor. ¿Otra? No, no había nada que perdonar, era tu necesidad.
¿Ves? me ha vuelto a pasar. No he sido capaz, he vuelto a perderme, no he aprovechado la oportunidad; se descolocan mis palabras, anque éstas encuentren un punto de fuga, se han vuelto a liar. No sé como lo haces, no sé como lo hago... Será mejor que vuelvan a su letargo. Seguramente mañana vuelvan a mi encuentro, tal vez mañana las pueda ordenar...
[Ahora que sé que lo puedo gritar, volveré a callar, siempre fue la mejor opción]