martes, 17 de noviembre de 2009

Relájate...

Es un placer pasar la tarde contigo.
Me gusta sentir tu calor en mis labios; el sabor que dejas en mi boca; tu perfume, mezcla del amargo que destila tu esencia y del dulce añadido que te acompaña para disimularlo. Haces que me sienta tranquilo, relajado, meciéndome al compás que, en un segundo plano, desprende la música celestial del tic-tac del reloj.
Tú y yo solos; y una explosión de sensaciones despiertan hasta el último de mis sentidos, ese que va más allá del olfato, el gusto, la vista, el oído, el tacto...
Y poco a poco te tomo, y comienza el ritual. Primero calientas mis manos, luego mi cuerpo, y cierro los ojos, y te apuro hasta el final, sin prisas, hasta consumirte, sabiendo que tú, sin saberlo, cicatrizas heridas que, en cuanto seas ausencia, volverán, como rutinaria afección, a inundar éste; mi vacío, mi espacio.


[Una taza de té cada tarde, a modo de terapia. Es un momento de relax, silencio, que se rompe en el mismo instante en que apuro el último trago... Mucho por hacer y pocas ganas, y ninguna fe]

No hay comentarios: