miércoles, 2 de diciembre de 2009

Ni cont(m)igo ni sin t(m)í...

La filofobia es una extraña compañera. Es como una inyección de frío hielo directa al más irracional y convulso de los músculos que componen el cuerpo de cualquier ser vivo, el corazón. Una explosión, una guerra de contrarios, una paradoja en si misma.
Vive conmigo, no me molesta. Es más, es necesidad.
¿Será irracional?
La mimo con tiento...
Simplemente, razones médicas...
Diagnóstico determinado,terapia indefinida.

[Extraño extrañar a quien extraña siempre fue... y más aún tantos años después]

lunes, 23 de noviembre de 2009

¿Cruel?

Con la conciencia tranquila, y sin embargo con esta desazón, este frío...
Que todo tiene sus circunstancias, su dosis de verdad, su necesidad (porque no decirlo, también una gran dosis de necedad, egoísmo, hipocresía...)
Que no quiero volver a mirar hacia un lado, cuanto menos atrás... y, a pesar de esa intención, siempre un acto reflejo, sin remisión, camino del recuerdo, en ese punto de inflexión... No es más que una cuestión tan rutinaria como la toma de decisiones, de los caminos pactados con el destino, la casualidad, la causalidad; los acordes de una melodía que acompaña nuestros pasos, de un tiempo futuro conjugado en pretérito empeñado en ser siempre presente.
Y no, espero que no me llamen cruel.


martes, 17 de noviembre de 2009

Relájate...

Es un placer pasar la tarde contigo.
Me gusta sentir tu calor en mis labios; el sabor que dejas en mi boca; tu perfume, mezcla del amargo que destila tu esencia y del dulce añadido que te acompaña para disimularlo. Haces que me sienta tranquilo, relajado, meciéndome al compás que, en un segundo plano, desprende la música celestial del tic-tac del reloj.
Tú y yo solos; y una explosión de sensaciones despiertan hasta el último de mis sentidos, ese que va más allá del olfato, el gusto, la vista, el oído, el tacto...
Y poco a poco te tomo, y comienza el ritual. Primero calientas mis manos, luego mi cuerpo, y cierro los ojos, y te apuro hasta el final, sin prisas, hasta consumirte, sabiendo que tú, sin saberlo, cicatrizas heridas que, en cuanto seas ausencia, volverán, como rutinaria afección, a inundar éste; mi vacío, mi espacio.


[Una taza de té cada tarde, a modo de terapia. Es un momento de relax, silencio, que se rompe en el mismo instante en que apuro el último trago... Mucho por hacer y pocas ganas, y ninguna fe]

lunes, 5 de octubre de 2009

¿De recuerdo? el puzzle de un yo, sin un tú y que nunca fue un nosotros...

En algún lugar del inconsciente quedaron algunas palabras aletargadas; con esa vaguedad que adquieren con el paso del tiempo, con ese ritmo lento, cansino, mortal que confiere el dulce veneno que entrega el recuerdo.
Y de repente encuentran un punto de fuga.
¡Maldito punto de fuga!
No se me dio nunca bien, y no será esta una excepción. Sólo dos palabras, tres mentiras piadosas, un cúmulo de necesidad, miles de promesas incumplidas y un millón de razones... he ahí el resultado de la ecuación.
¿La fórmula exacta? ¿Tú la conoces? Yo no. Y no te niego que he intentado una y otra vez; ni que fuera abrazado al desasosiego, a la soledad, al olvido, a una copa de vino, a la luz de una vela, bajo las sábanas, caminando por lugares comunes, tan alejados de la realidad, tan cercanos a mí, siempre lejos de ti; encontrar una aproximación.
Como una explosión. Una maldita explosión.
No te quiero en mi recuerdo. Y a la vez no quiero, ni puedo, ni debo olvidarte. Dejaría de ser yo. Ese yo que tanto detesto. Ese yo tan poco amigo del cambio. Pero soy yo.
Yo: esa esencia que se guarda aquí, en este recipiente de extraña compresión, rápida descomposición y fácil tratamiento en su residuo.
¿Cuál es el objeto de este dislate? Eso mismo me pregunto yo, tomando otra dosis de este veneno que acude con tanta asiduidad desde hace ya tantos años. No sé a quien pretendo engañar, ese objeto eres Tú, que a día de hoy ya no recordarás mi nombre, ni quien era Yo.
Pero también puedo ser yo quien formule las preguntas. Sí, preguntas sin respuesta, esas a las que tanto apelo y tanto te disgustaban. Me da igual, me sigue dando igual. Será que otra vez me miento.
Cinco años de aquel adiós, y una primera respuesta. Si me dices adiós es para siempre. És lo que tiene un adiós, lleva implícita una conclusión, un punto de no retorno. Y de ahí la segunda; no ha lugar a oportunidad alguna (ya sabes, "las segundas oportunidades son la ocasión que nos brinda la vida para poder equivocarnos dos veces"). Si quieres, seguimos. ¿La tercera? Sí, era lo mejor. ¿Otra? No, no había nada que perdonar, era tu necesidad.
¿Ves? me ha vuelto a pasar. No he sido capaz, he vuelto a perderme, no he aprovechado la oportunidad; se descolocan mis palabras, anque éstas encuentren un punto de fuga, se han vuelto a liar. No sé como lo haces, no sé como lo hago... Será mejor que vuelvan a su letargo. Seguramente mañana vuelvan a mi encuentro, tal vez mañana las pueda ordenar...

[Ahora que sé que lo puedo gritar, volveré a callar, siempre fue la mejor opción]

viernes, 18 de septiembre de 2009

Será por eso que no te echo de menos...

Ha pasado ya tanto tiempo...
Guardo mis palabras en un cajón, donde nadie pueda encontrarlas, ni tan siquiera yo, cansado de su obstinada repetición.
Porque no me gusta compartir, sumar, enseñar, divagar a voz en grito, a los ojos de propios y extraños. Ni tan siquiera a los míos propios.
Como un ermitaño asceta que observa el devenir; cansado de vosotros, nosotros, de ellos, de ti y, sobre todo, de uno mismo.
Porque nunca dejé de creer, simplemente, jamás tuve una fe que poder perder.