Y podría decir que fue la mala suerte, sino fuese porque no creo en la suerte en sí, no es más que la escusa más recurrente para esconder el propio fracaso (me niego a ocultar algo tan necesario como el fracaso). O podría echarle la culpa a los hados, sino fuese porque el destino no es algo que escrito esté, es más un camino que uno se crea, y yo no lo supe iniciar.
Será que no sé y ya es tarde para aprender.
Por eso, y sólo por eso...
[Con mi vieja chaqueta de pana, mis zapatillas marrones, mi barba de una semana y mi melancolía susurrándome al oído. Al compás de la lluvia, con paso lento y a la sombra de las húmedas paredes dejo, tras mi corvada espalda, esta calle de aire denso y palabras aletargadas... Sin mirar atrás, y sin volver a andar sobre mis huellas, aquí te quedas...
Sólo un hasta siempre, que no es más que el disfraz que utiliza esa preciosa y triste palabra de cinco letras...]
Sólo un hasta siempre, que no es más que el disfraz que utiliza esa preciosa y triste palabra de cinco letras...]


